domingo, 29 de abril de 2012

Maestros y escuelas, escuelas y maestros.

Contacto.


Una clase diferente sin power point, sin papel y lápiz y sin apuntes. Movemos las mesas y las sillas con el objetivo de dejar espacio libre, de estar todos juntos, de vernos...


Las primeras actividades no me remueven nada; intento pensar como un niño de primaria, intento entender qué puede suponer para él este tipo de actividades. Los niños disfrutan haciendo este tipo de juegos. Les gusta hacer filas, ordenarse por altura o por edad. También les gusta clasificar y ubicarse en un lugar dentro del grupo, saber quiénes comparten gustos o características similares y quiénes no.
Estas prácticas las considero interesantes para fomentar la socialización  con la gente del grupo, sobre todo al principio, cuando todavía no te conoces mucho y no has formado ya tu propio grupo dentro del grupo.


El segundo tipo de actividades que hacemos en clase son de expresión. Hablar con el compañero para que nos conozca, contarle lo que nos gusta y lo que no; y valorarnos a nosotros mismos y al resto. Supongo que a un niño estas actividades no le suponen un gran esfuerzo. Pocas veces los niños tan pequeños tienen reparo en decir lo que piensan de ellos mismos y de sus compañeros. Esto nos cuesta más a nosotros. Conforme se crece se dejan de expresar los sentimientos personales a este nivel. Digamos que no es importante que la persona se desarrolle emocionalmente en la escuela, no es necesario para su vida, o para su éxito académico. Es una lástima porque de este modo llegas a los veinte años, te dicen que pienses una cualidad positiva tuya y de la persona que tienes delante de ti, y no solo te pones nerviosa, porque te incomoda la situación, sino que además no consigues encontrar estas cualidades.


El tercer tipo de actividades que hacemos son de confianza. Fiarte del otro. Estas actividades me gustan y no me cuesta hacerlas. Las considero positivas porque te obligan a romper rigideces mentales. Si tu no ves, pero tienes a alguien detrás que te indica el camino no te queda otra que confiar en aquel que temporalmente se ha convertido en tu ojos.