Elogios y sugerencias para mejorar.
La última actividad que hicimos en clase me encantó.Lo cierto es que cuando Carles nos dijo que cogiéramos un folio y escribiéramos por una cara los aspectos positivos de las asignatura y por la otra los negativos, pensé que era una tontería, que esa actividad no tenía sentido, al menos para mí. Después conforme fueron pasando los minutos y transcurriendo la actividad, me di cuenta de que verdaderamente sí que era útil y tenía un sentido.
Me costó bastante pensar en aspectos a mejorar y tampoco rellené mucho la cara de los aspectos positivos. Quizá el no saber qué era lo que íbamos a hacer me frenó a la hora de escribir...
Me gustó trabajar la actividad con toda la clase. Todos formábamos parte de un todo, y todas las aportaciones eran importantes fueran de quien fueran. Eso me pareció justo y me gustó.
Durante la actividad me acordé del primer día de clase, día bastante atípico también. Recordé la fotografía que escogí y sigo pensando que es la mejor que podía haber cogido, hoy cogería la misma.
Beso de Pez
miércoles, 30 de mayo de 2012
martes, 29 de mayo de 2012
Maestros y escuelas, escuelas y maestros.
Uso de las TIC en el aula:
Las tecnologías de la información y comunicación no son la solución a los problemas ni a las carencias en la educación, pero pueden ser un instrumento muy útil si se integran en las clases y se hace un buen uso de ellas. El maestro debe conocer estos recursos, y es interesante que se preocupe por aprender y ser competente en su uso.
Hoy en día la función del maestro no es meramente enseñar. Un niño puede aprender mucho si, por ejemplo, se le deja un ordenador durante una semana. Pero, es inevitable que este niño acceda a todo tipo de información. El maestro de hoy, debe orientar,ensañar al alumno a moverse por la red de un modo seguro. Eso sí, para poder enseñar y ayudar a otros, es imprescindible haberse formado antes.
Las tecnologías de la información y comunicación no son la solución a los problemas ni a las carencias en la educación, pero pueden ser un instrumento muy útil si se integran en las clases y se hace un buen uso de ellas. El maestro debe conocer estos recursos, y es interesante que se preocupe por aprender y ser competente en su uso.
Hoy en día la función del maestro no es meramente enseñar. Un niño puede aprender mucho si, por ejemplo, se le deja un ordenador durante una semana. Pero, es inevitable que este niño acceda a todo tipo de información. El maestro de hoy, debe orientar,ensañar al alumno a moverse por la red de un modo seguro. Eso sí, para poder enseñar y ayudar a otros, es imprescindible haberse formado antes.
lunes, 28 de mayo de 2012
Para saber más...
¿La intención es lo que cuenta?
Por intentarlo que no quede, eso piensan algunos.
Yo suelo no entrar demasiado al trapo, me mantengo bastante al margen de cualquier protesta. Tal vez sea cobardía por mi parte; pero para revindicar, protestar, atacar y proponer cambios, se tiene que primero conocer y después pensar, pensar tanto como se necesite y entonces mover ficha, pero solo entonces.
Instantes
La escuela de ayer.
Esta foto la he "cogido" del blog: http://laescueladeayer.blogspot.com.es/. El objetivo de este blog es mostrar fotos de escuelas de hace 30, 40 y 50 años.
Entré en él por casualidad, simplemente por curiosearlo, y me gustó. Empecé a ver todas y cada una de las fotos, todas tienen "algo". Es cierto, que estas fotos, no me despiertan recuerdos sobre mi escuela o sobre mi infancia, pero me gustan. Me imagino cómo me podría sentir si me viera en una de esas fotos, o si viera a algún compañero...
Si alguien tiene tiempo y ganas, le recomiendo que lo visite.
domingo, 27 de mayo de 2012
Maestros y escuelas, escuelas y maestros.
Unidades didácticas.
Los grupos, que eligieron elaborar una unidad didáctica, expusieron su proyecto al profesor y al resto de compañeros, durante las dos últimas clases.
Las exposiciones no fueron ni muy breves ni muy largas y, en general, supieron adaptar los contenidos al nivel de la clase.
Todas ellas coincidieron en que la aplicación del currículum oficial se hiciera de un modo integral y no compartimentado por materias, de manera que todas las asignaturas estaban relacionadas entre si y compartían un mismo sentido.
Todas ellas coincidieron en que la aplicación del currículum oficial se hiciera de un modo integral y no compartimentado por materias, de manera que todas las asignaturas estaban relacionadas entre si y compartían un mismo sentido.
No ocurrió lo mismo con la forma de evaluar. Cada grupo explicó, después de explicar en qué consistía su unidad didáctica, cómo se evaluaría al alumnado; algunos justificaron el porqué, otros simplemente describieron en que consistiría ese proceso de evaluación.
De acuerdo con Carles, considero que: lo complicado de evaluar no es la evaluación en si misma, sino asignar a esa valoración una nota numérica. Posiblemente haya alumnos que tengan una misma nota y, sin embargo; si se hiciera una entrevista al maestro y se analizara la evolución a lo largo del curso escolar de cada uno de los dos niños, habría bastantes diferencias. ¿Entonces, qué se debe hacer?, ¿qué es más justo?, ¿cómo saber que se califica de forma correcta?
No hay un único método o una única forma posible de hacer las cosas. No hay nada que se deba hacer o no hacer. Es el maestro el que tiene que organizarse y planificarse su modo de evaluar, y tener claros sus criterios.
Por otra parte, pensar que tu criterio es justo y el de otro maestro no, es un error. Posiblemente los dos sean "justos", solo que tenéis distintas maneras de traducir vuestras valoraciones y evaluaciones en calificaciones concretas.
Es importante que cuando el maestro evalúa "abra su mente", se cuestione si su modo de evaluar es útil, si le sirve a él, si beneficia a sus alumnos... Para que esto sea posible hay que posibilitar el cambio y probar nuevas formas. Alguien que desde el primer día que da clase establezca unos criterios de evaluación y no los cambie, está estancado, no mejora y no acepta otro modo de valorar. Alguien que busca nuevas formas y que intenta contemplar las cosas desde distintos ángulos, quizá no califique siempre de forma correcta, pero permitiendo el cambio y aceptando sus posibles errores y otras formas, va por buen camino.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Maestros y escuelas, escuelas y maestros.
Formación permanente.
Como una gota de agua de un río que nunca deja de fluir, que poco a poco se desplaza. Lo quiera o no, es inevitable su movimiento, su cambio de posición. Unas veces se mueve más rápido, otras lo hace más lento, pero siempre avanza.
Aprender y adquirir unos conocimientos, en una fase del proceso de formación, no debe ser una excusa para estancarse, para protegerse del cambio. Acabar el Grado de Maestro en educación, primaria o infantil, no significa que estés formado. Es cierto que has adquirido una serie de competencias y estás más capacitado para ejercer la labor de maestro que posiblemente antes de empezar el grado, pero todavía queda mucho camino. Siempre queda mucho camino.
Sí, siempre queda mucho camino, sobre todo en aquellos casos en los que no hay meta. ¿Qué meta puede tener un docente si cada alumno, cada situación y cada contexto son únicos?
El maestro no puede tener un objetivo estanco y una meta rígida en su cabeza. Tiene que tener la capacidad de adaptarse a los cambios, de aportar a cada alumno aquello que le sirva y le enseñe. Para lograr esto, se necesita ser un profesional activo, que lea, indague, dialogue con sus compañeros y pruebe cosas nuevas; que se dedique a su trabajo y se implique en él.
Se necesita ser una gota que no se quede estancada en un meandro, y que poco a poco se va achicando y consumiendo por el paso del tiempo. Se necesita ser una gota que quiera llegar al mar, y una vez en él no se canse de viajar.
Como una gota de agua de un río que nunca deja de fluir, que poco a poco se desplaza. Lo quiera o no, es inevitable su movimiento, su cambio de posición. Unas veces se mueve más rápido, otras lo hace más lento, pero siempre avanza.
Aprender y adquirir unos conocimientos, en una fase del proceso de formación, no debe ser una excusa para estancarse, para protegerse del cambio. Acabar el Grado de Maestro en educación, primaria o infantil, no significa que estés formado. Es cierto que has adquirido una serie de competencias y estás más capacitado para ejercer la labor de maestro que posiblemente antes de empezar el grado, pero todavía queda mucho camino. Siempre queda mucho camino.
Sí, siempre queda mucho camino, sobre todo en aquellos casos en los que no hay meta. ¿Qué meta puede tener un docente si cada alumno, cada situación y cada contexto son únicos?
El maestro no puede tener un objetivo estanco y una meta rígida en su cabeza. Tiene que tener la capacidad de adaptarse a los cambios, de aportar a cada alumno aquello que le sirva y le enseñe. Para lograr esto, se necesita ser un profesional activo, que lea, indague, dialogue con sus compañeros y pruebe cosas nuevas; que se dedique a su trabajo y se implique en él.
lunes, 21 de mayo de 2012
Para saber más...
Tras leer este artículo de opinión no he podido evitar sentirme impotente y ligeramente enfadada...
Señores, no vamos por buen camino, pero habrá que adaptarse a la situación presente.
Señores, no vamos por buen camino, pero habrá que adaptarse a la situación presente.
Objetivo: la promoción y el desarrollo individual.
Meta: la persona perfecta siempre eficaz.
Pero de todo lo nombrado anteriormente, el componente que considero más importante en educación es su papel transformador de conductas y actitudes. Sólo con unas dosis adecuadas de motivación y dedicación conseguimos mejoras tangibles en nuestros alumnos.
El papel de la educación en la promoción del desarrollo individual
Patricia Cabrera. Orientadora Laboral de Sanromán Consultoría y Formación (Madrid)
30/04/2012
En los tiempos que vivimos, tanto los países como las empresas deben lidiar con el cese o ajuste de sus plantillas. Para ser competitivos demandan a sus empleados una mayor preparación y una alta capacidad de adaptación. Por otro lado, la falta de motivación y vinculación de los jóvenes escolares, reflejo de cierta desconexión con el sistema educativo y con el mundo real, hace que padres y educadores se encuentren ante la ardua misión de involucrarlos en el proceso de enseñanza.
El aprendizaje se ha erigido, hoy más que nunca, en una herramienta básica para la capacitación de las personas a todos los niveles y en todas las edades. La formación continua constituye un instrumento clave para estimular el crecimiento económico, combatir el desempleo y restaurar el posicionamiento de las empresas. Por su parte, el sistema educativo debe asegurar que los alumnos alcanzan un nivel alto y general de conocimientos que les facilite incorporarse con éxito al mercado laboral.
Es importante que los profesionales de la educación rediseñemos en profundidad el conocimiento y las competencias que queremos transmitir, que las comuniquemos a través del proceso mismo de instrucción, que demos un sentido más global a los aprendizajes y los incorporemos a las demandas reales del mundo laboral. Ésta es una tarea compleja pero muy motivadora.
Ya en 1993 Jacques Delors resaltó el papel de la educación en la promoción del desarrollo individual y comunitario y en la mitigación de problemas sociales como el abandono escolar o la exclusión social y económica. En su informe Growth, competitiveness, employment. The challenges and ways forward into the 21st century, identificó varios ámbitos de actividad ocupacional a los que denominó "yacimientos de empleo" destinados a satisfacer nuevas necesidades sociales.
Analizando el mercado laboral español a través de las ofertas publicadas por el Servicio Público de Empleo Estatal, se puede confirmar la necesidad de ser más competitivo a nivel nacional e internacional. La mayoría de ofertas disponibles requieren dotes comerciales, dominio de idiomas, experiencia en tecnologías de información y comunicación (TIC), así como conocimientos técnicos específicos de distintos ámbitos como el industrial y el sanitario.
El sistema educativo español está reaccionado ante estas demandas incorporando mejoras en los centros escolares. Por ejemplo, para el desarrollo de competencias lingüísticas: dotándoles de laboratorios de idiomas, impartiendo algunas asignaturas del plan de estudios en inglés, incorporando el estudio de un segundo idioma. En el área de las TIC, introduciendo programas y aplicaciones pedagógicas de calidad, facilitando el uso de aulas informáticas y el acceso gratuito a Internet y, en algunos centros, utilizando pizarras electrónicas y tabletas.
Asimismo, los sistemas públicos de empleo están incorporando programas de formación mixta con prácticas laborales para facilitar la transición de la vida educativa a la laboral, como los talleres de empleo, las escuelas taller o las casas de oficio.
Parece lógico que para estar a la altura de estas demandas los profesionales de la educación, además de poseer un amplio conocimiento técnico, incorporemos las nuevas tecnologías y el dominio de otros idiomas para fomentar el aprendizaje y la colaboración de los alumnos.
Tomando como referencia la Red de Información Ocupacional O*NET1, entre las competencias básicas de los profesionales del ámbito de la educación destacarían las estrategias de aprendizaje, la escucha activa, la capacidad de expresarse de forma oral y escrita, la instrucción, el pensamiento crítico, la coordinación, supervisión y orientación, la toma de decisiones y la perspicacia social.
Además de las competencias específicas de cada sector de actividad, existen una serie de competencias profesionales transversales que son transferibles de una a otra profesión y, por tanto, de gran valor a la hora de flexibilizar el mercado de trabajo. Entre las más importantes destacaría la creatividad o innovación, el trabajo en equipo, la resolución de problemas y gestión del tiempo, el razonamiento deductivo e inductivo, la memoria y autoevaluación, la capacidad de diagnosticar y proponer mejoras a todos los niveles, la autonomía, independencia y análisis.
El aprendizaje se ha erigido, hoy más que nunca, en una herramienta básica para la capacitación de las personas a todos los niveles y en todas las edades. La formación continua constituye un instrumento clave para estimular el crecimiento económico, combatir el desempleo y restaurar el posicionamiento de las empresas. Por su parte, el sistema educativo debe asegurar que los alumnos alcanzan un nivel alto y general de conocimientos que les facilite incorporarse con éxito al mercado laboral.
Es importante que los profesionales de la educación rediseñemos en profundidad el conocimiento y las competencias que queremos transmitir, que las comuniquemos a través del proceso mismo de instrucción, que demos un sentido más global a los aprendizajes y los incorporemos a las demandas reales del mundo laboral. Ésta es una tarea compleja pero muy motivadora.
Ya en 1993 Jacques Delors resaltó el papel de la educación en la promoción del desarrollo individual y comunitario y en la mitigación de problemas sociales como el abandono escolar o la exclusión social y económica. En su informe Growth, competitiveness, employment. The challenges and ways forward into the 21st century, identificó varios ámbitos de actividad ocupacional a los que denominó "yacimientos de empleo" destinados a satisfacer nuevas necesidades sociales.
Analizando el mercado laboral español a través de las ofertas publicadas por el Servicio Público de Empleo Estatal, se puede confirmar la necesidad de ser más competitivo a nivel nacional e internacional. La mayoría de ofertas disponibles requieren dotes comerciales, dominio de idiomas, experiencia en tecnologías de información y comunicación (TIC), así como conocimientos técnicos específicos de distintos ámbitos como el industrial y el sanitario.
El sistema educativo español está reaccionado ante estas demandas incorporando mejoras en los centros escolares. Por ejemplo, para el desarrollo de competencias lingüísticas: dotándoles de laboratorios de idiomas, impartiendo algunas asignaturas del plan de estudios en inglés, incorporando el estudio de un segundo idioma. En el área de las TIC, introduciendo programas y aplicaciones pedagógicas de calidad, facilitando el uso de aulas informáticas y el acceso gratuito a Internet y, en algunos centros, utilizando pizarras electrónicas y tabletas.
Asimismo, los sistemas públicos de empleo están incorporando programas de formación mixta con prácticas laborales para facilitar la transición de la vida educativa a la laboral, como los talleres de empleo, las escuelas taller o las casas de oficio.
Parece lógico que para estar a la altura de estas demandas los profesionales de la educación, además de poseer un amplio conocimiento técnico, incorporemos las nuevas tecnologías y el dominio de otros idiomas para fomentar el aprendizaje y la colaboración de los alumnos.
Tomando como referencia la Red de Información Ocupacional O*NET1, entre las competencias básicas de los profesionales del ámbito de la educación destacarían las estrategias de aprendizaje, la escucha activa, la capacidad de expresarse de forma oral y escrita, la instrucción, el pensamiento crítico, la coordinación, supervisión y orientación, la toma de decisiones y la perspicacia social.
Además de las competencias específicas de cada sector de actividad, existen una serie de competencias profesionales transversales que son transferibles de una a otra profesión y, por tanto, de gran valor a la hora de flexibilizar el mercado de trabajo. Entre las más importantes destacaría la creatividad o innovación, el trabajo en equipo, la resolución de problemas y gestión del tiempo, el razonamiento deductivo e inductivo, la memoria y autoevaluación, la capacidad de diagnosticar y proponer mejoras a todos los niveles, la autonomía, independencia y análisis.
Pero de todo lo nombrado anteriormente, el componente que considero más importante en educación es su papel transformador de conductas y actitudes. Sólo con unas dosis adecuadas de motivación y dedicación conseguimos mejoras tangibles en nuestros alumnos.
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