Como una gota de agua de un río que nunca deja de fluir, que poco a poco se desplaza. Lo quiera o no, es inevitable su movimiento, su cambio de posición. Unas veces se mueve más rápido, otras lo hace más lento, pero siempre avanza.
Aprender y adquirir unos conocimientos, en una fase del proceso de formación, no debe ser una excusa para estancarse, para protegerse del cambio. Acabar el Grado de Maestro en educación, primaria o infantil, no significa que estés formado. Es cierto que has adquirido una serie de competencias y estás más capacitado para ejercer la labor de maestro que posiblemente antes de empezar el grado, pero todavía queda mucho camino. Siempre queda mucho camino.
Sí, siempre queda mucho camino, sobre todo en aquellos casos en los que no hay meta. ¿Qué meta puede tener un docente si cada alumno, cada situación y cada contexto son únicos?
El maestro no puede tener un objetivo estanco y una meta rígida en su cabeza. Tiene que tener la capacidad de adaptarse a los cambios, de aportar a cada alumno aquello que le sirva y le enseñe. Para lograr esto, se necesita ser un profesional activo, que lea, indague, dialogue con sus compañeros y pruebe cosas nuevas; que se dedique a su trabajo y se implique en él.

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